viernes, 10 de noviembre de 2017

10 de Noviembre: festejamos el día de la Tradición en Argentina

Recuerdo cuando estudiaba en el profesorado de Arte, que a la hora de definir Tradición y Folklore, hacíamos un dibujito donde la Tradición era el universo de  donde el Folkore tomaba una parte.
Algo así:

  
Uno tomaba esa explicación y no pensaba mucho en lo que significaba. Con el paso del tiempo, comprendí que esa relación que parece tan sencilla, es la base del marco conceptual necesario para comprender, enseñar y transmitir el significado de ambos términos.
Desde la definición clásica de Raul Cortazar, que no es la única, pero es la más afable  para explicar qué es el Folklore, aprendemos que para que se pueda producir necesita que se cumplan ciertas características:
·         Transmisión oral
·         Carácter popular
·         Anónimo
·         Regionales (geográficamente localizables)
·         Colectivo y socialmente vigentes
·         Empíricos, espontáneos, no institucionalizados
·         Funcional
·         Tradicional
Es decir que, un hecho folklórico siempre tiene que ser tradicional pero un fenómeno tradicional no siempre es folklòrico. Por ejemplo, son tradiciones escolares, los actos en homenaje a ciertas efemérides patrias pero eso no las hacen parte de nuestro folklore…  por lo menos desde este encuadre clásico (las nuevas perspectivas, amplían el horizonte de la definición y nos hablan del “folklore de las escuelas”, en el marco de este ejemplo).
Hoy es el día de la Tradición, en homenaje al nacimiento del escritor José Hernández, un 10 de Noviembre de 1834. Autor del “Martín Fierro”, obra máxima de la literatura gauchesca argentina. Un texto que tiene la magia de mostrarnos que lo que se escribe con sentimiento y saber poderoso, tiene vigencia en cualquier tiempo y lugar:

"Los hermanos sean unidos
 porque ésa es la ley primera.
Tengan unión verdadera
en cualquier tiempo que sea,
porque si entre ellos se pelean,
  los devoran los de afuera"

“Hay hombres que de su ciencia
Tienen la cabeza llena;
Hay sabios de todas menas,
Mas digo sin ser muy ducho
Es mejor que aprender mucho
El aprender cosas buenas"

"Un padre que da consejos,
Más que padre es un amigo
Y así como tal les digo
Que vivan con precaución
Que nadie sabe en qué rincón
Se esconde el que es su enemigo"

“Al que es amigo, jamás
lo dejen en la estacada,
pero no le pidan nada
 ni lo aguarden todo de el:
siempre el amigo más fiel
es una conducta honrada”

*Agrego una de las actividades que hicimos durante los festejos del día de la Tradición con mis alumnos de 1er. y 2do. grado...

y 4to. grado (compartiendo con 6to)

¡FELIZ DÍA DE LA TRADICIÓN!

sábado, 28 de octubre de 2017

Historias para compartir: La compasión del guerrero

Hoy decidí compartir este espacio con una de las personas que más amo en este mundo: mi hijo.
La profe de Literatura (4º año de secundaria), abrió un espacio de taller de escritura en el aula y propuso a sus alumnos darle una vuelta de tuerca al cuento de Borges La casa de Asterión. Cada uno de los chicos imaginó una historia. La siguiente, es la que planteó mi muchachito:

            La compasión del guerrero: 

la verdadera historia de lo que pasó dentro del laberinto


El problema humano básico es la falta de compasión.
Mientras este problema subsista, subsistirán los demás problemas.
Si se resuelve, podemos esperar días más felices.
Dalai Lama

…Aquí seguía yo, caminando dentro de esta prisión laberíntica llena de esqueletos con signos de pelea, pero no de cornadas o de golpes, sino de espadas y lanzas.
Había marcas en las paredes. Algunas solo eran escrituras antiguas y dibujos, otras, eran talladas en las piedras, seguramente hechas con otras piedras puesto que no tenían ese arte que las otras presentaban.
De repente, distraído por los dibujos, lo vi. Estaba ahí, tallando algo - parecido a lo que ya había visto-, en unas puertas (que, seguramente conducían a otra gran sala de este críptico laberinto). Eso no se dio cuenta de que yo estaba escondido detrás de su imponente figura, viendo como movía sus orejas escuchando y esperando algo.
¡Me descubrió! 
Sin embargo al mirarlo, no vi furia, ira o algún pensamiento oscuro, sino que vi a
alguien cansado, triste, que parecía un pájaro enjaulado. 
Entonces, me acerqué, para tristemente cumplir mi misión.              Cuando  lo hacía, él parecía llorar.    Al ver sus lágrimas caer sobre el suelo frío, de piedra, me compadecí de él y guardé mi espada mientras me miraba sorprendido.
-¿No cumplirás con tu misión? ¿No vas a…?
(Yo) Estaba atónito
-¿Puedes entenderme?
Él asintió con la cabeza y me contó que había aprendido a hablar gracias a los que intentaban cazarle como animal, cosa que no era.  
-Sígueme,  le dije, guiándolo hacia la salida.
 -Eres pacifico, huyes de los que entran aquí. ¿Por qué hay tantas historias sobre ti  que cuentan que eres un monstruo cruel y despiadado?
-Mi padre se las arregló para que pensaran eso de…
Salió de la nada. Uno de los que habían entrado al laberinto junto a mí, nos sorprendió por detrás y le clavó su espada al minotauro. No cayó solo. Rápidamente desenfundé mi espada, que se deslizó suavemente por su pecho.
No había pensado. 
Lo había asesinado a sangre fría, a traición, como un cobarde.
Entonces,  recogí el cuerpo del minotauro y lo lleve a la salida del laberinto, para darle un entierro digno.
Al salir, me encontré a mucha gente que esperaba para celebrar mi victoria.

Bernardo

Fuente de la imagen: Mitología clásica. Dioses y semidioses

El texto en audio por su autor y alguien mas,  que no puede dejar de meter su nariz... o voz por todas partes :

domingo, 15 de octubre de 2017

Historias para compartir: Día de la madre

En este nuevo día de la madre, una historia que la encuentra cómo protagonista...
¡FELIZ DÍA!

Cama y cuna

Siempre que le preguntaban  donde había nacido,  respondía que había sido  en una verde pradera, con los primeros fríos del otoño como sábana y el trébol suave y esponjoso como colchón.
Ya habían pasado 27 años de aquello  pero cada vez que repetía  la historia,  sentía como si fuese la primera ocasión en que la contara (o que a él se la relatara su madre).
Su mamá,  embarazada de nueva meses,  sintió los dolores del parto mientras atravesaba  un campo,  a mitad de camino entre su pueblo y la casa.
 Era una mañana fría y aún la escarcha cubría la vegetación.  

Rosalía había salido como siempre, muy temprano,  rumbo al taller de costura donde trabajaba. Sentía el llamado de su enorme panza,  que le pedía descanso y cuidados. En aquel tiempo,  no podía permitírselo. Su  marido había fallecido dos meses atrás y, sin él,  todo el peso de la casa había recaído sobre ella. Por eso, aunque  presentía que pronto daría a luz,  no había dejado  su puesto. Esa fue la causa por la cual aquel día las contracciones la encontraron allí.
Rosalía se dobló en dos y cayó suavemente sobre el pasto húmedo de la mañana. Su cuerpo rompió la fina capa de escarcha,  adhiriéndose y mojando los bordes de su vestido áspero de campesina.  La respiración se tornó agitada por varios minutos pero poco a poco se relajó: el dolor pasó. Cuando  quiso reemprender su camino,  nuevamente lo sintió. Así pasó casi una hora.  Su hijo,  desde el  vientre turgente, clamaba  por ver la luz del sol que ahora se levantaba tímidamente entre las ramas de los árboles lejanos.
Rosalía estaba segura de algo: nadie la vendría a ayudar. En su trabajo le habían pedido que se quedara en  casa, descansando. Si ese día faltaba,  era lógico que la causa hubiera sido que al fin había aceptado hacerlo.   Además,  ella era la única que vivía por aquella zona,  tan alejada de la población.
 “Me tendré que arreglar sola,”  pensó. “Sola,  como desde hace tiempo… no sería nada extraño ya estoy acostumbrada…”
Un dolor intenso,  más fuerte que los  otros interrumpió sus ideas.
Entonces gritó. Gritó su tristeza aprisionada, sus lágrimas no lloradas, su cansancio íntegro.
La respuesta fue su propia vida,  saliendo  desde sus entrañas para independizarse de ella misma. Su sangre caliente regó la tierra y un bultito peludo y pegajoso rebotó contra el pasto  y gimió,  cortando el silencio matinal y uniéndose a su madre en un solo clamor.
 Rosalía lo tomó con sus manos y con la sabiduría innata que lleva cada mujer consigo,  rompió el cordón umbilical que los unía,  con sus dientes,  y lo envolvió en parte de su propia vestidura.
El bebé lloraba fuerte y su madre ahora reía,  liberada ya  de toda angustia contenida.

El sol, ascendiendo hacia  lo alto, y aquel campo verde,  que sirvió de cama y de cuna, fueron mudos testigos de la vieja y la nueva vida,  que comenzaban juntas a caminar los enredados senderos del mundo.

Clara Silvina Alazraki


Licencia de Creative Commons
Este obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-CompartirIgual 4.0 Internacional.

Día de la danza... en el aula.

Durante esta semana, trabajamos en el aula con elementos.
Usando retazos de telas transparentes, experimentamos diferentes movimientos relacionados con la danza.
Un combo ideal: aprender jugando!
¡Qué grandes que son mis pequeños alumnos!




Ampliando:

El 10 de Octubre se conmemora en Argentina, el Día Nacional de la Danza, en homenaje a los bailarines del Teatro Colón fallecidos en una de las peores tragedias aéreas ocurrida justamente el 10 de Octubre de 1971.

Ese día un accidente de aviación provocó la muerte de nueve bailarines pertenecientes al elenco estable del Teatro Colón. Se dirigían a la ciudad de Trelew para presentarse en el Teatro Español. Después de despegar de Aeroparque, el avión se precipitó sobre aguas del Río de la Plata, cuando intentaba regresar al aeropuerto por fallas en uno de sus motores. No hubo sobrevivientes. La noticia conmocionó especialmente al ambiente artístico: el trágico accidente había truncado la vida de dos de los mejores bailarines argentinos y dejó incompletas muchas carreras brillantes, los primeros bailarines Norma Fontenla y José Neglia perdieron la vida en el accidente. Junto a ellos viajaban Sara Bochkovsky, Rubén Estanga, Margarita Fernández, Marta Raspanti, Carlos Santamarina, Carlos Schiaffino, Antonio Zambrana . Este viaje formaba parte de un plan de giras que auspiciaba una empresa privada y que ya había llevado a bailarines del Colón por distintas provincias.

Fuente: efemerides

sábado, 30 de septiembre de 2017

Historias para compartir: "La vuelta del combatiente"

En los últimos tiempos, nos han sacudido muchísimas tragedias naturales y de otros tipos.

Huracanes, terremotos, ataques, volcanes que se activan, inundaciones, aludes, tragedias, tiroteos...

Tensiones desatadas por la Tierra.

Tensiones desatadas (lamentablemente) por los hombres.

Entre medio, mucha gente que se ha unido y ha demostrado que la solidaridad puede ser la fuerza que ayuda a volver a pararse, a seguir adelante en esta vida frágil...

Pienso en ese volver a lo cotidiano después de un desastre.

Para quienes cada día enfrentan la dura realidad solamente con las armas provistas por el Amor: 


La vuelta del combatiente


La familia lo espera, mascullando pasados sembrados en la niñez.
Se reunieron en la galería, con la idea de sorprender el regreso. Tienen miedo pero a la vez, extrañan a ese muchacho, casi niño, que hace pocos años marchó a una guerra cruel y hoy vuelve.
 No entienden. Jamás comprenderán el por qué de su proceder aunque lo haya explicado mil veces, hasta el cansancio. No saben unir acontecimientos y suponen que es cierto aquello que les puso como excusa alguna vez: la muerte del padre, la ofensa al país, el deber…
De pronto, la alegría se derrite en un mustio silencio cuando hace su entrada un hombre,  desde la glorieta (que le sacude polen y pétalos a manera de bienvenida). Lleva la cabeza vendada descuidadamente y se apoya sobre dos muletas grises.
Una de las mujeres se le arroja, llorando y riendo a la vez. No es histeria, solo la alegría y el temor del reencuentro del soldado con la causa de su partida a la guerra. Él, esboza una sonrisa. Los parientes comprenden, después de tanto tiempo de estar sumidos en la oscuridad y se van, con sus voces ocultas, ensimismados, pensando en todos aquellos muchachos encerrados en una madriguera, luchando por un ideal.
Quedan solos, se miran.
 La mujer aún solloza pero con más calma.
Entre sus ojos se ha formado un puente cruzado por recuerdos.
Él ve a una joven diciendo adiós, unas manos tibias, un último beso.
Ella, pensamientos atravesados por tristeza, preguntas, su hombre marchando en las filas de un interminable ejército de seres iguales, grises, marchando hacia la destrucción…
Las palabras sacuden la delicada textura de los pensamientos.
Ella critica.
Jamás supe por qué aceptaste, por qué te fuiste.
Él consuela.
Y se van.
Juntos.
A su casa, esa que algún día fue testigo de la partida y hoy, certifica el regreso.
Sobre una mesa quedan unos papeles olvidados. Documentos arrugados que traía el soldado. En una casa vecina, se escuchan gritos de alegría por la vuelta. En otra, la tristeza de la muerte.
En el jardín, una araña teje interminablemente su trampa para atrapar insectos.  

Clara Silvina Alazraki

Licencia de Creative Commons
Este obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-CompartirIgual 4.0 Internacional.



"La vida es una moneda", una hermosa canción de Juan Carlos Baglietto para acompañar este relato